El Caribe ataca de nuevo

Estándar

El Uber más divertido de Washington DC es un Rav4 que lo conduce Thuff y aparte de un magnífico y absolutamente kitsch altar pagano a la diversión con lamparillas chinas a los costados, el auto está tapizado de postscripts de todos los colores dónde los clientes comentan su experiencia a bordo de tal nave.

Así que con semejante incentivo, el que sonara a todo volumen Despacito, en la versión de Luis Fonsi y Justin Bieber era casi, casi como estar viviendo en el guión de un mundo inventado por David Lynch. Reconozco haberme divertido con la experiencia y maravillarme con el regreso de Twin Peaks, pero eso lo dejaremos para otra conversación.

Descubro el agua tibia y digo que cada vez hay más artistas latinos haciendo lo que llaman el crossover y saltando a la Billboard. Lo han hecho Shakira, Daddy Yankee, Juanes… Pero… desde La Macarena (versión remix con frases en inglés y su letra intacta en español) no había otro éxito en el segundo idioma de los EE.UU. dominando las listas de éxitos. La Macarena, recordemos, fue bailado por Bill y Hillary Clinton, en un célebre episodio.

Seguramente no vamos a ver nunca a Donald Trump bailando Despacito con Melania y mejor que sea así. Despacito es jazz, en el sentido promiscuo del término: La sensibilidad que conecta a New Orleans con el Caribe, a New York con Santo Domingo o con el quebrado San Juan y a Miami con La Habana… Pero dado que La Habana está perdida, la conexión es una vez más con Jamaica.

Ya sucedió con el hip hop y vuelve a suceder ahora. El sound system jamaiquino se vuelve adueñar de la radio estadounidense y le da una salida al estancamiento del hip hop que estaba desesperadamente buscando renovación. Hay que escuchar, los éxitos del verano y sabrán de lo que les habló.

Los supremacistas blancos dicen que se debe rescatar la herencia europea de los EE.UU. y para ello quieren cercenar la razón con un muro que corte su relación con la realidad territorial y de esa forma borrar su toque de sensualidad. Eso es lo que asusta. No es la primera vez, el periodista inglés Johann Hari, lo cuenta en su imprescindible, “Tras el grito” o como se inició la guerra contra las drogas. Allí tenemos a Harry Anslinger, director de la Oficina Federal de Narcóticos, la actual DEA, quien eligió como uno de sus primeros objetivos a la cantante Billie Holiday.

Compárese su historia con la Judy Garland. Judy, heroinómana igualmente, murió joven y hermosa, apenas 47 años. Billie murió joven y acosada, 44 años, asesinada por las fuerzas del primer zar antidrogas. Decenas de años después Johann Hari escribe “Harry no podía controlar la circulación de drogas, pero había empezado a comprender que sí podía controlar la circulación de ideas”.

El asco de Anslinger hacia la marihuana era porque “hacía” que mujeres blancas tengan sexo con jóvenes latinos o negros. ¡Horror! Mientras tanto, y eso no se le perdonó, Billie denunciaba en “Strange Fruit” los linchamientos y ahorcamientos de afroamericanos en el Sur de EE.UU. Hari dice y le creo: ”Billie Holiday es la muestra de que la guerra contra las drogas se hizo por motivos políticos e ideológicos, no por una cuestión de salud pública, hasta el punto de que los colaboradores de Anslinger se ensañaron con la cantante de jazz, la sometieron a torturas psicológicas”.

Por suerte la gente libre escoge música y con ello escoge sensualidad. Y la sensualidad es un planeta consciente de sus derechos. Despacito es todo lo que importa al final de la noche. Con quien te vas o te dejas de ir. Si te vas con tu señora del brazo, perfecto. Si eres miembro de la orquesta y te vino a ver tu mujer, maravilloso. El punto está en la barra y en los callejones de dónde sale la banda y pululan las prostitutas. ¿Qué haces? ¿Te vas? ¿Te juegas? ¿Dónde voy a dormir?

Esa es la diferencia entre Despacito con Justin Bieber y El Manicero canción clásica de los cincuenta. Los callejones… Dónde la vida recupera intensidad. Claro, si tienes la belleza de Fonsi y el dinero de Justin, la cosa no pasa de ser una anécdota… ¿Pero que pasa si eres más feo que Trump en el jardín de rosas de la Casa Blanca y más pobre que Tiger Woods después del tercer juicio ¡Ah! lo que te queda es ir cantando por la vida que tienes un cucurucho de maní, si tienes el talento y la personalidad, claro. O… Por lo contrario, si tienes la cara de amanecido feliz, murmurando Despacito. En fin, que no voy a juzgarte: La vida es 30 minutos…

Antiguamente, hasta los ochenta, el mundo se dividía entre quienes eran fans de los Beatles vs. los de los Rolling Stones. Eso ya tiene 50 años y está más que obsoleto. ¿Quien conoce ahora a Mick Jagger aparte de quienes escucharon la canción de Maroon 5? ¿Paul McCartney? Es un abuelito que puede pasear feliz por el Bronx porque nadie lo conoce… Pero Fonsi, Justin Bieber,  Daddy Yankee… Señores y Señoras, la cosa es seria.

Yo creo que ahora deberíamos dividir el mundo… Me equivoco, simplemente entenderlo,  entre quienes van Despacito y quienes van por un Cucurucho de maní.

Ahora que estoy tratando de avanzar con mi inglés, leo a Hannah Arendt y sus reflexiones sobre los retos que significa el manejo de un idioma no materno. Especialmente para la escritura. Pero, me anima saber que las fronteras son más difusas de lo que pensaba y que al final del día, New York sigue siendo el puerto más al Norte del Caribe y que la gente siempre prefiere comunicarse.  Cómo sea. Venciendo la torre de Babel. Ese es el verdadero sentido de la global.

¿Despacito o Maní? Yo, voy por lo dos: un cucurucho de maní, despacito.

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