Censura para todos

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Intag es el mejor ejemplo del clima instalado con la vigencia de la Ley de Comunicación. El presentador del informativo estelar de Ecuavisa, Televistazo, Alfonso Espinosa de los Monteros lo anunció así: “La Comisión Ecuménica de los Derechos Humanos denunció una supuesta restricción de derechos civiles por parte de autoridades a los habitantes del sector de Íntag, provincia de Imbabura, en donde la Empresa Nacional Minera desarrolla un proyecto de exploración de cobre. En vista de que no se presentaron evidencias de la denuncia y de que tampoco podemos tener acceso al lugar, ni logramos una respuesta de la empresa minera nacional, nos abstenemos de informar sobre estas denuncias para dar cumplimiento a la Ley Orgánica de Comunicación”.

Imposible juzgar al medio. Al contrario es ponderable que haya decidido revelar el clima de autocensura que asfixia al trabajo periodístico en el Ecuador como fruto de la aplicación severa y arbitraria de la Ley de Comunicación. La misma norma que ha sido calificada como uno de los más grandes retrocesos de los últimos años en América Latina por todos los organismos de protección de la libertad de expresión en el mundo.  El aparato de censura que actualmente cuenta con 225 funcionarios a su servicio y varios “consultores” y empresas privadas a su servicio repite el discurso del presidente Correa, quien sostiene que esta guerra es contra los grandes medios, los monopolios económicos que los dominan, la prensa “corrupta” y “mediocre” que abusa de su poder. Lo cual no es más que pura propaganda. En la realidad, las limitaciones a la libertad de prensa afectan a la gente más humilde. Al ciudadano a quien pisotean sus derechos, pero ya no encuentra medios de comunicación dispuestos a informar de los abusos porque pueden ser sancionados.

Intag es la mejor muestra de información que se debe omitir actualmente en el Ecuador. Hay otros ejemplos, interesantes. Por ejemplo, están los contratos que obligan a las radios “comunitarias” establecidas por el Gobierno de convertirse en herramientas del aparato de propaganda estatal en cada unos de los territorios donde operan al punto que se llega a detallar la forma en que se deben leer al aire tales medios: “…hora 7h23, Diario el Telégrafo, el decano de la prensa nacional nos informa esta mañana. 7h29, 7h29, Diario El Ciudadano, periódico del Gobierno de la revolución ciudadana nos informa esta mañana… 7h43, 7:43… PP el verdadero informa…”

No hay que que dejarse engañar. Detrás de la propaganda, está la voluntad de control total de todos los aspectos de la vida social. Ya lo decía el Secretario de Comunicación en Gatopardo: “Los medios son como una maleza que había que limpiar… Le dije al presidente que la maleza siempre está allí, y siempre iba estar, y que en consecuencia sólo tenía dos caminos: Darles espacio y negociar con ellos, […] El otro camino era sacarlos de la cancha”.

¿Se pude llamar a esto democratizar la comunicación? Sin metáforas, la Ley de Comunicación ha sido la herramienta perfecta para sacar a la prensa del juego. Felices 365 días de censura para todos.

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