Réquiem por un sueño

Estándar
359 761 firmas de 757.923… Casi 400 000 firmas mando el Consejo Nacional Electoral al tacho de la basura con la sonrisa a flor de labios de su presidente. Supongo que allí estará mi firma. La de mi esposa y de todos aquellos que conozco y firmaron por el Yasuní.  Quitemos el supongo. En realidad, con las cerca de 400 000 firmas no validadas, mandaron a la basura todas la voluntad de todos los ciudadanos que queríamos que se ejerza la democracia para tomar una decisión que no afecta solo a quienes estamos aquí y ahora.

Indignados por esta burla, es lo menos que se puede estar aquí y ahora. Repitamos: cerca de 400 mil firmas anuladas porque se “perdieron” firmas de muchos recolectores. O porque el folio de papel era más pequeña. O porque había una mancha de café… Pero esto solo fue el eslabón final de la cadena. El fraude comenzó mucho antes. Es más, todo el proceso fue minado desde el principio por un oficialismo y sus adláteres, que poseen un “saber hacer” heredado directamente de las más rancia partidocracia.


Hagamos un memorial de ofensas, por demás incompleto: Pregunta no calificada por la Corte Constitucional y con ello creación de un escenario para que aparezcan grupos paralelos a los Yasunidos con el fin expreso de confundir y sabotear la recolección de firmas. Agresiones en cadenas nacionales, enlaces sabatinos y en muchas intervenciones de Presidente y otros funcionarios. Publicidad oficial negativa y para acabar toda la mala telenovela de la verificación de firmas en el CNE, otra vez…


En último término, ha primado la voluntad presidencial sobre la democracia. En reiteradas veces lo dijo y lo repitió a Diario El País de España, que no iba a dar paso a la consulta porque el tema “se politizó”. Lo cual es el argumento más curioso para descalificar un proceso que es, obviamente, político. La razón a estas alturas importa muy poco.


Julio César Trujillo, declaraba ayer a Diario El País que podrían acudir al Tribunal Contencioso Electoral y a la Corte Constitucional. Pero añadió: “Sabemos que son trámites inoficiosos porque no se aceptará nada. Hay una orden del presidente para que no proceda la consulta popular…”.


En definitiva, con la invalidación de casi 400 000 firmas. Con las trampas para impedir que se dé la consulta popular acerca de la explotación petrolera en el Yasuní, no pierden los YASunidos. Ni los ecologistas. Ni los activistas. Con esto se pierden los últimos atisbos de democracia. Al actuar bajo la influencia de la voluntad presidencial, las autoridades electorales dan un mensaje peligrosísimo: la utilización de mecanismos democráticos para oponerse legítimamente a decisiones o políticas de Gobierno, se estrellarán contra un muro infranqueable.


¿Qué resta ahora? Es difícil saberlo. Probablemente esto explique que el hashtag de moda en Twitter sea, #DemocraciaenExtinción.

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