La moral revolucionaria

Estándar

 

Que no quepa duda: las vertientes son estalinistas y nada parecido a reivindicación avanzada de derechos. Al fin y al cabo, bajo la óptica “revolucionaria” el Estado no solo es sujeto de derechos humanos, sino que además es el tutor de los derechos de los  demás. Exactamente así es como ha actuado, la asambleísta del partido oficial, Soledad Buendía. Sin que nadie lo haya pedido, se atribuyó la representación de la modelo Claudia Hurtado o, aún peor, de las mujeres supuestamente ofendidas por las fotos de modelos con poca ropa que aparecen en los Lunes Sexy de Diario Extra y las “gentiles” frases que suelen acompañarlas.

El camino al infierno está cargado de buenas intenciones.  En los hechos, la asambleísta Buendía con su acción no reivindica, maltrata a la modelo Claudia Hurtado. Se atribuye una especie de patria potestad y bajo esa consideración lanza un mensaje con su demanda: no pueden trabajar mostrando su cuerpo en un tabloide. Eso es denigrante y vamos a someterlas a la tutela del Estado… Está visto que ustedes, modelos, no pueden decidir sobre sus cuerpos solas.


Y está intervención en los cuerpos, no es la primera. Lo mismo sucedió con la criminalización del aborto en casos de violación.


Buendía quiere salvar a Claudia de los supuestos de violencia y morbo de la prensa privada y la somete a la violencia del Estado que es mayor y más opresora bajo la figura de una ilegítima Superintendencia de última hora liderada por un odiador de todo lo que huela a prensa privada e independiente.


La modelo profesional -orgullosa de serlo- ha dicho claramente: “¡Me siento honrada de aparecer en la portada de Extra!” Soy libre de trabajar con quien quiera. Me gusta mi cuerpo, me gusta mostrarlo y quiero seguir apareciendo.


En realidad, la asambleísta Buendía coloniza el cuerpo de otra mujer (triste final para una feminista), actúa bajo los viejos parámetros del Estado patriarcal que le dice a las mujeres qué pueden hacer con su cuerpo y qué no.


Lo dicho: moral revolucionaria con fuerte olor a naftalina estalinista. Pero hay más en este caso, absolutamente impresentable.  El titular de la ilegítima  Superintendencia   se extralimita en unas funciones, que ya de por si son cuestionables, y castiga a Diario Extra por su línea editorial. Porque, en buen romance, eso significa la sanción en contra del tabloide.


Puede ser que no nos guste  como lectores el sensacionalismo. Puede ser que como ciudadanos, critiquemos  también ciertos contenidos periodísticos. Sin embargo, de aquello  a pensar que el Estado y sus agentes tienen derecho a imponer líneas editoriales y a castigar si no les gusta algún medio, es haber cruzado definitivamente la línea hacia una prensa bajo censura.

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