‘¡Exijo una explicación!’

Estándar
20/Febrero/2014
Primer Tuit: ¿”Si alguien decentemente puede sostener que su caricatura fue humor, pedimos disculpas a quien sea”. Siguiente Tuit: “¡Jóvenes: no se dejen engañar! Una infamia lo sigue siendo así sea con dibujitos”. Tercer Tuit: “Qué bueno que la Ley de Comunicación ya impide juzgar en los titulares (o dibujitos) de la prensa. Imagínense si esto le pasa a alguno de ustedes por odio de un caricaturista”. ¿El presidente Correa no tiene sentido del humor? Con esos tuits hasta podrías contar chistes al estilo de “¿Cómo se llama la película?

Concordemos en algo. Al presidente Correa no le causó risa la caricatura de Bonil sobre el allanamiento al domicilio de Fernando Villavicencio. Está bien, está en su derecho. Ahora bien, que por más Presidente de la República y líder máximo de la Revolución que sea, no le parezca gracioso algo, no significa que a nadie haya hecho reír la caricatura de Bonil. Todo lo contrario, miles de personas la han visto y la han encontrado jocosa. ¿Se puede “decentemente sostener” que la caricatura nos ha hecho reír? ¡Por supuesto! Es más, podríamos sostenerlo decente e indecentemente, porque el Líder Máximo tampoco está para decirnos qué es lo uno y qué es lo otro.


Que existan diferentes tipos de humor y diferentes sentidos del humor es casi un verdad de Perogrullo y nadie puede imponer su sentido del humor como único.


El presidente Correa, por ejemplo, piensa que está siendo muy gracioso, cuando llama a un colaborador “cabeza de zapato” y se burla de periodistas como “gorditas horrorosas” o de adversarios políticos diciéndoles “cobardes”, “mamarrachos” o cualquiera de los cientos de calificativos que usa los sábados.


En realidad, podríamos cuestionar con más sustento este “humor” ofensivo que cualquiera de los comentarios gráficos de Bonil. Y para rizar el rizo, probablemente, el presidente quiso ser serio con los tuits publicados en su cuenta el pasado 7 de febrero, pero a mí me causa muchísima risa, pues me recordó a Condorito cuando recibía un poco de su propio chocolate o quedaba descolocado en un acto de humor y exclamaba: “Exijo una explicación”.


En El sentido del humor de la argentina Roxana Kreimer, se dice: El humor es una herramienta crítica de gran eficacia. “Leí La Guerra y la Paz en veinte minutos. Es acerca de Rusia”, decía Woody Allen en tiempos en que estaban de moda los métodos de lectura veloz.


El humor es un instrumento apropiado para promover la tolerancia, lo que llevó a Lichtemberg a escribir: “Nada determina más el carácter de una persona como la broma que la ofende”. El humor es una demostración de grandeza que pareciera decir que en última instancia todo es absurdo y que lo mejor es reír, como aquel condenado a muerte que llevan a la horca un lunes y exclama: “¡Bonita forma de comenzar la semana!”

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