We can’t stop

Estándar
12/Diciembre/2013
Miley Cyrus acaba de ser nombrada artista del año por MTV, lo cual no es ninguna sorpresa luego de la famosa perfomance en los premios de la misma cadena televisiva, dónde la artista perrea y se frota con otra de las estrellas juveniles del año, Robin Thicke.

No hay sorpresas, entonces, al final del día, nadie mejor que Miley Cyrus representa la rebeldía sobre producida y lo sexualidad orientada a lo genital hasta llegar a lo grotesco, que bien pueden ser considerados como el signo de la época.


Sin embargo, basta ver el que bien puede ser considerado el vídeo del año, We can’t stop para saber que tras la improbable propuesta artística y el rompimiento de estándares no hay más que puro espectáculo y cero autenticidad. Igual, a estas alturas, esto de la autenticidad parece ser un valor menor. Porque lo que cuenta es la exposición, el número de seguidores en Twitter y Faceboook, las reproducciones en YouTube y el número de apariciones en los programas de farándula. Y lo debemos reconocer, Miley Cyrus ha desbancado a Lady Gaga, en cada una de esas categorías. Claro que en la Gaga hay una búsqueda estética.


En We can’t stop, en cambio, la Cyrus revela las costuras de sus propias limitaciones. Bien, planteaba Eliane Brum en un artículo publicado hace poco en El País  de España llamado “La Vagina” que: “Y no me parece que la respuesta para la violencia generalizada contra la vagina y el deseo sexual femeninos sea transformarse en una atleta sexual con orgasmos circenses. Este es un patrón para el consumo y para el mercado que responde más a la imagen, también estereotipada, del que sería el comportamiento masculino en la cama. Suena como respuesta a la represión histórica, pero en la práctica está más para un embalaje agradable y engañoso para la misma represión, en la medida en que no deja de ser otra tentativa de control sobre el cuerpo y el deseo femenino.


La imagen de la atleta sexual, determinada y agresiva, puede ser solo otra prisión para las mujeres. La vagina y el deseo femenino, diferentes en cada una, son más complejos y potentes que eso. Merece la pena recordar que, en la pornografía, la mujer que expone su vagina, su ano, su desnudez en cada detalle y en primer plano es aquella de la que menos sabemos.”


Miley Cyrus no pierde ocasión para tocarse y mostrarnos su trasero. Sin embargo, hasta el gesto de comerse los billetes de 100 dólares en un sándwich aparecen falsos. Como si a falta de revolución real, fuera necesario montar el espectáculo de la revolución. Y especialmente de la fallida revolución sexual. Y de esto último, en el Ecuador pintado de verde flex, lo conocemos bien, hasta el punto que se convirtió en la causa del silencio obligado, personal, pero más que nada colectivo.

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