¡Se les acabó la fiesta!’

Estándar
13/Febrero/2014
“ ¡Gracias a nuestra ley de Comunicación se les acabó la fiesta! Esto es lo que acostumbraban estos cobardes. Juzgar en los titulares y no en los tribunales. O sea el inocente es Villavicencio y el corrupto soy yo que mandé a  allanar para sustraer documentación sobre casos de corrupción. Se han acostumbrado a esto. Es prohibidísimo señores en todo lado. No se puede opinar sobre un caso  que está en proceso. Estos quieren seguir hechos los dueños del país con su corruptela. ¡Se les acabó la fiesta! Aquí va a primar la verdad y el bien común. Escuchen cobardes, sicarios de tinta, se les acabó la fiesta!” Rafael Correa Delgado, Enlace Presidencial N.359 desde Pascuales, Provincia del Guayas

Así, entre comillas y de forma íntegra, citamos al Señor Correa, para que no haya dudas del sentido de lo que dice: la Ley de Comunicación es un mecanismo que los protege. ¿A quién? Dado que el Excelentísimo Señor Presidente de la República imbuido y protegido por la Majestad del Poder de la República del Ecuador habla en primera persona del plural (“Gracias a Dios ya tenemos quien nos defienda”), el sentido es claro: La Ley está para proteger a mandatarios, funcionarios y todo quienes ejercen, gozan, usan, adhieren al poder político.


¿De quién los debe proteger? ¿Quiénes representan una amenaza? ¿A quiénes se les acabó la fiesta? La respuesta, una vez más, está en las palabras del propio Señor Presidente: de los “sicarios de tinta”, unos corruptos y cobardes seres que están enquistados en unos espacios oscuros llamados “medios de comunicación”. acostumbrados a vivir de la corruptela y que sin Dios ni ley dictaban sentencias todos los días y a a quienes también se les acabó la fiesta…


El porqué no está claro. Porque la argumentación, en realidad, no se sostiene: “Los medios de comunicación se abstendrán, como debe de ser, de tomar posición sobre la inocencia o culpabilidad de las personas que están involucradas en una investigación legal o proceso judicial penal hasta que se ejecutoríe la sentencia, dictada por un juez competente.” Y continúo: “Es prohibidísimo señores en todo lado. No se puede opinar sobre un caso que está en proceso.”


En realidad,  en cualquier país del mundo, claro, se discuten públicamente casos judiciales, especialmente cuando tienen interés público. ¿Conocen, por ejemplo el Caso Gurtel? La investigación fue destapada por el diario español El País, a cuyos investigadores les fue concedido el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Por ejemplo. Por no hablar, de todos los casos judiciales que se ventilan diariamente frente a las cámaras de TV en EE.UU., Canadá, Inglaterra, Italia o cualquier país democrático.


Pero no solo eso. Las mismas autoridades ecuatorianas y la prensa bajo su control han tomado posiciones sobre casos judiciales, a cada momento. Sobre el mismo caso Villavicencio y Jiménez. Sobre los juicios de Chevron. Sobre decenas de casos sobre los cuales el Presidente ha dictado sentencias en las sabatinas, seguidos de los andes, ciudadanos, gamas, teces y telégrafos que componen el aparato de propaganda oficial.  Incluso, durante la campaña electoral: “Para mis amigos todo, para mis enemigos la Ley”.

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