El aparato de difamación

Estándar
20/Diciembre/2013
No es nuevo que un Estado opresor entre sus herramientas acumule un enorme poder mediático para construir finalmente el aparato con el cual se de el salto al “Estado de propaganda”. El aparato se nutre obviamente de burocracia, ministerios, secretarías, superintendencias, consejos, intendencias, comisarios, relacionadores públicos, abogados y todo el que pueda servir a la construcción de la verdad oficial. Y también de medios y periodistas cuya única misión es crear el entorno ficticio sobre el cual se pueda construir la veracidad de las mentiras oficiales repetidas mil veces para convertirlas en verdad. En realidad, se tratan de operadores políticos disfrazados de periodistas. Poco más.

En el actual estado de cosas, tenemos muchos ejemplos de cómo actúa el aparato de proaganda. Los ejemplos y las víctimas de las difamaciones oficiales se acumulan: la profesora Mariana Pallasco, el activista Carlos Zorrilla, el cantatutor Jaime Guevara, la periodista Jeanette Hinostroza, las fundaciones Pachamama y La Hormiga. Son los más recientes de una lista, en donde puedo incluirme en primera persona, incluir a la organización que dirijo, Fundamedios, al director de AEDEP, Diego Cornejo, a muchos de los periodistas, editores y editorialistas de este Diario. A varios se nos ha inventado, incluso, una biografía, la cual replicada por decenas de medios oficiales y para-oficiales, se convierten en certezas o, peor aún, en dudas.


A la profesora Mariana Pallasco se la calificó en varios enlaces sabatinos y en cadenas nacionales de mentirosa, “doble moral”, irresponsable. Se trata de una clara represalia por la participación de la ex-presidenta de la UNE en las audiencias de la Comisión Interamericana de DDHH, práctica gubernamental que ya es casi habitual. Pero, ¿qué pasó cuando la Maestra pidió el derecho a la réplica y demostró con documentos que decía la verdad en sus denuncias ante el más alto organismo de DDHH? Pues se respondió como suele responder el aparato de propaganda en estos casos: con el mayor cinismo se le dijo que debía primero ganar una elección para que se escuche su voz en una sabatina, o se la agravió varias veces más o simplemente se le dijo que concurra a cada canal donde el Gobierno había ordenado que se la difame, para que pida allí el derecho a la réplica.


A Carlos Zorrilla se le imputó la autoría de un manual de resistencia pacífica que se lo presentó como un texto que prácticamente era un llamado a la subversión con una serie de afirmaciones como la de llevar “niños en brazos” a las manifestaciones como escudos humanos, lo cual jamás había sido planteado por el activista. Sin embargo, jamás se rectificó, sino que se ha difundido la idea de un peligroso “cubano” que agita la zona de Intag. Ahora, Amnistía Internacional teme por su integridad.


La última pieza de esta colección de la infamia, es lo publicado en uno de los diarios que sirven de operadores del “Estado de propaganda” contra las fundaciones Pachamama y La Hormiga. La primera disuelta bajo el “Decreto 16 y con acusaciones de alterar la paz pública y la segunda bajo investigación, por la misma razón. Se ha dicho por ejemplo que los “ideólogos” de Pachamama” son estadounidenses, como si fuera delito serlo y de los segundos que reciben millones, cuando son voluntarios que no cobran ninguna remuneración por la defensa de sus convicciones.

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