Papelón del Gobierno, no payasada de los ciudadanos

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La no comparecencia de los representantes del Estado ecuatoriano en las audiencias convocadas por la Comisión Interamericana de derechos Humanos es un gravísimo error de cálculo del Gobierno que, sin duda, pasará factura.

Debemos suponer que la carta enviada por las autoridades ecuatorianas para justificar su ausencia debe estar plagada de acusaciones y epítetos, como los que Rafael Correa ha lanzado en estos días: “15 organizaciones “denuncian” al Gobierno ecuatoriano ante la CIDH. ¡Ni las dictaduras tuvieron tantas “denuncias”! La realidad: una payasada más de los perdedores de las elecciones y de la burocracia internacional.


No nos vamos a prestar a estas payasadas, más aún mientras CIDH continúe en Washington”, escribió en su cuenta de Twitter. Previamente, Frenando Alvarado, en la misma línea había dado el siguiente mensaje: “Ya era hora que Ecuador no participe de pantomimas montadas por politiqueros oportunistas, bajo la figura de derechos humanos”.


Y luego en Francia continúo con los ataques, contra la Comisión a la cual cataloga como una herramienta neocolonial y a lo que llama el onegeísmo. ¿Cuál es el mensaje que está enviando Ecuador con estos ataques? ¿De soberanía? ¿De no someterse a los designios del Imperio? La realidad, no. El mensaje es de un desprecio a los sistemas que la comunidad internacional ha construido durante décadas para defender libertades fundamentales y de un régimen que “algo debe temer” en materia de DDHH para esconder la cabeza bajo tierra, con el pretexto de que la CIDH está en Washington.


De un Gobierno irrespetuoso al extremo que quiere imponer a todos los países de la región una agenda que ya fue derrotada en marzo de este año, y que es capaz de insultar a la Comisión con gestos que no los ha tenido ni siquiera las dictaduras de los años 70 que ahora Correa cita en sus discursos. Si se quiere “preparar” el ambiente para una posible denuncia de la Convención Americana de DDHH, la forma de hacerlo es por demás torpe, para la misma lógica del Gobierno. Con desplantes y bravuconadas, no se va a zafar del monitoreo que la CIDH hizo, hace y hará sobre la situación de Derechos Humanos en el Ecuador. En realdad, el mandato de la Comisión es tan amplio, que ni siquiera saliendo de la OEA, se puede evitar que el país siga siendo examinado.


A estas alturas, ni siquiera parece viable la construcción de un sistema alterno o Ad Hoc de DDHH que sea amigable con estados autoritarios. Con Cristina de salida en Argentina y Maduro viendo rostros en piedras, mientras la economía se desbarata, parece ser que no hay siquiera el ambiente para avanzar en ese sentido.

El mensaje es tan negativo para el Gobierno, además, porque se pone en evidencia. Como dijo Carlos Castellanos, representante de los trabajadores autónomos y comerciantes informales del país (CUCOMITAE), la actitud del Gobierno ante la CIDH es la misma actitud antidemocrática que se tiene a nivel interno para evitar el diálogo con la sociedad civil y los movimientos sociales críticos. ¿Pudo haber salido peor parado el Gobierno de este periodo de audiencias?

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