Mundo Feliz 2 o la respuesta a Pablo Vásquez

Estándar

Recurrir al argumento de la seguridad es siempre la que esgrime todo gobierno o todo Estado cuyo objetivo es vigilar y castigar. La seguridad interna o externa.

Este es uno de los temas más delicados y uno de los retos más grandes de todas las sociedades democráticas, es justamente compaginar seguridad con derechos y libertades esenciales.


Lo sucedido en Estados Unidos, Inglaterra y Europa (las cuales pretendían ser las sociedades ejemplarmente democráticas) es, justamente, el ejemplo de la peligrosa deriva de Estados que pasan por encima de los derechos humanos y comienzan a espiar de forma indiscriminada a los ciudadanos.


El Gobierno de EE.UU. esgrime que el espionaje era necesario para preservar la seguridad y añaden que se realizó casa afuera y que no fue aplicada a sus propios ciudadanos. Argumento que trata de salvar la cara, diciendo “no espiamos a nuestros ciudadanos”. Sin  embargo, en un mundo globalizado aquello es impresentable y más bien lanza un mensaje de “los otros, todos ustedes, son sospechosos”. ¿Cuál es el pretexto? Otra vez, la seguridad. Es más, nos han dicho que con las vigilancia masiva e indiscriminada al Internet se han evitado no se cuantos atentados terroristas. Eso no borra, que al final del día también se hayan convertido en el Gran Hermano mundial, que todo lo vigila y controla.


En regímenes totalitarios, en cambio, los enemigos son internos. De hecho, ese fue el argumento de las dictaduras del Cono Sur. En Argentina, por ejemplo, “El Proceso” se dedicó a desaparecer a sus propios ciudadanos porque los consideraba “los enemigos internos” que querían disolver el país y acabar con los ciudadanos decentes (es literal). Bajo esa lógica, no era el gobierno persiguiendo, torturando y asesinando: era un gobierno protegiéndose legítimamente de quien atentaba contra la seguridad colectiva.


Las cosas han cambiado, por supuesto. Y afortunadamente en el Ecuador no estamos ante una situación como la dictadura argentina. Pero me aterra cuando el Gobierno se declara perseguido, atacado, asediado por quienes piensan distinto. O por la prensa. O por los ecologistas “infantiles” o por quienes protestan por el Yasuní. Porqué el Gobierno tiene la única verdad. Basta leer un poco de Historia para darse cuenta de hasta puede llevar el transitar por esa vía.


Así que en ese contexto ahora nos ponen cámaras de vigilancia en los taxis. Debemos partir de que el 99% de quienes utilizamos el transporte público somos gente decente y no criminales. ¿Por qué nos graban todo, imagen y voz? ¿Si fuera por seguridad, no sería lógico que solo fuera imagen? ¿Por qué quieren grabar lo que decimos? Hay que considerar que esos datos van a una dependencia del Gobierno. ¿Alguien ha explicado qué harán con esa información? ¿Quién la procesa? ¿Cómo? ¿Para qué fines? ¿Cuánto tiempo la tendrán grabada? ¿Cómo y dónde la almacenarán o la destruirán si fuera el caso? No son preguntas menores, porque detrás de todo esto están nuestros derechos, que se expresa en acciones de lo más inocente: ¿A quién no le pasó que en los ardores juveniles tomó un taxi con dirección a un motel y los besos comenzaban justamente en el taxi? ¡Ahora ni a tomarse de las manos! ¿Y no es el taxi, el escenario de las quejas contra el jefe, los compañeros, la esposa, el Gobierno? Ahora, silencio, que estamos siendo grabados y no sabemos si en la próxima sabatina se citará a la Secretaría de Inteligencia para dar la lista de insumisos.


¿Qué decir de las aulas? ¿Se puede citar la seguridad? ¿Los delincuentes van a clases? Puede haber algún caso, pero… ¿No son las aulas el sitio dónde se hablaba de política, dónde se cuestiona el status quo, dónde se expresaba el pensamiento distinto? ¿Por qué se colocan cámaras que lo filman y graban todo?


¿No se parece esto al Mundo Feliz de Aldous Huxley o mejor aún a lo descrito por George Orwell en 1984? Sería bueno revisar esta novela. Se lo recomiendo.


No se trata de oposición al Gobierno, no se debe reducir todo a ese nivel. Se trata de la defensa de derechos fundamentales.


Y sobre mi posición política frente al Gobierno, estimado Pablo. Más allá de la propaganda gubernamental que ha intentado inventarme una biografía, le invito a revisar esta publicación en mi muro de  Facebook.


Lamento haberme extendido, pero se trata de un tema complejo. Agradezco la oportunidad de debatirlo con Usted.


Saludos cordiales,

César

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